La comparación en natación máster

por | Abr 27, 2026 | Experiencia natación máster | 0 Comentarios

entrenamiento de natación máster con nadadores en piscina y sensación de comparación en el grupo

Creo que desde pequeños muchos hemos crecido comparándonos de una forma u otra. A veces con hermanos, otras en el colegio o en cualquier actividad en la que había alguien que destacaba más.

Con el tiempo he intentado no trasladar eso a mis hijos, pero me he dado cuenta de algo: aunque no haya una comparación externa, muchas veces aparece una comparación interna igual de fuerte.

Una forma de estar midiendo constantemente si estás “por delante o por detrás”, aunque nadie esté diciendo nada.

En mi caso, eso ha ido dejando una sensación bastante persistente de no sentirme del todo suficiente.

Y lo curioso es que, aunque pasan los años, esa sensación no desaparece sola. Solo cambia de forma.

De pequeña a adulta: cambia la forma, no la sensación

De pequeña la comparación era más visible. Si existía, se decía, se comentaba o se notaba claramente.

De adulta es diferente. Se vuelve más interna, más automática. Y muchas veces ni siquiera eres consciente de que está ahí.

En la natación me pasa bastante.

Comparo tiempos, sensaciones, cómo nadan otras personas o incluso cómo parece que se sienten en el agua.

Y lo peor es que muchas veces no me doy cuenta en el momento. Simplemente noto tensión, exigencia, o la sensación de que tengo que demostrar algo.

Cuando empiezas a necesitar demostrar más

Con el tiempo he aprendido que compararse en sí no es el problema. Incluso puede ser una referencia para mejorar y motivarte.

El problema aparece cuando empiezas a sentir que necesitas hacerlo mejor que otros para sentirte válida.

Ahí la natación cambia completamente.

Empiezas a entrenar y competir más desde la presión que desde el disfrute. Te afectan más los días malos, las comparaciones o incluso algunos comentarios del entorno.

Y casi sin darte cuenta, te desconectas de ti.

Cuando empiezas a evitar cosas

A mí esto me ha llevado a evitar algunas pruebas o situaciones que antes disfrutaba.

No porque no me gusten, sino porque me generan demasiada carga mental en ese momento.

Y ahí me di cuenta de algo importante: el problema no era la natación en sí.

Era cómo me estaba sintiendo dentro de ella.

Lo que estoy intentando cambiar ahora

Últimamente me estoy dando cuenta de cuánto cambia la natación cuando dejas de intentar demostrar constantemente.

Sigo comparándome muchas veces, y seguramente me seguirá pasando.

Pero ahora al menos intento volver más a mí: a cómo me siento en el agua, a mis sensaciones y a disfrutar más de lo que hago.

Porque cuando entro en esa necesidad constante de medir si estoy por delante o por detrás, es cuando más desconecto de la parte que realmente me gusta de nadar.

Y también estoy entendiendo algo: que el rendimiento de otros no dice nada sobre mi valor, igual que el mío no define el suyo.

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